Más allá y más acá de las palabras. Sobre Sociudad de Kerstin Möller.

Por Ángela Neira-Muñoz

I

La escritura ha escrito a la poeta, y pareciera que la acción de escribir ocurre desde afuera hacia adentro, pues el texto inicia con el capítulo ‘La carcaza’, luego, ‘Las entrañas’ y, para finalizar, ‘So’. Estrategia circular a primera vista. Sin embargo, cuando leemos ‘más acá’ del lenguaje como sistema, se logra vislumbrar que los procesos escriturales de estas páginas experimentan con todo tipo de nociones cristalizadas por la racionalidad (y sus direcciones cognitivas y de sentido).

II

Estamos frente a una poesía que se podría definir como ‘visual’, no obstante, me interesa proponer que lo realmente importante aquí es ‘lo sonoro’. La obra ‘dice’ y ‘se expresa’ a través de la configuración vibrante de las palabras. De hecho, los espacios en blanco nos entregan guiños de una serie de ruidos acumulados del exterior (la ciudad). Sin embargo, es muy probable que también ‘vengan’ del interior (del yo). Por esto, propongo el texto ‘más acá’ y ‘más allá’ de lo que podría ofrecer el análisis estructural y canónico de una pieza literaria, pues éste no sería suficiente para dar cuenta de Sociudad.

III

El lenguaje disperso y el aparente caos de la disposición textual colaboran para ordenar los recuerdos de un modo distinto. La memoria es un espacio inconmensurable, por lo tanto, inefable. La figura es silenciosa. Pienso en el sonido del silencio y en la operación discursiva que propone el rescate de la oralidad, tal una ‘psicodinámica’. Las letras aquí son un recurso. La tipografía es seleccionada más allá de la letra, por eso se modifica cuando el motivo de la escritura cambia. La escritora elige cada sonido para expresar y sentirse expresada (M m m m, m m. Mmmmm…)

IV

De este modo, llegamos a Las Entrañas o al ‘más acá’, que nos regala una de las escenas más íntimas del poemario: “Y le pido perdón a la hormiga que maté”. Luego, ingresamos a un estado casi onírico, pero no al clásico que se construye por la dislocación de tiempos y espacios, sino a uno que está y ocurre en un ‘entre’ o paréntesis donde las diversas voces son y están. La decisión de la autora es quedarse ahí, y es tan lúcida que logra entender que“el silencio se aburre”. Sugiero ‘leer’ la palabra ‘aburrimiento’ desde el latín abhorrere, que en español significa algo así como‘horror al vacío’. Y claro, este espacio silencioso, vacío, la autora lo ‘ocupa’ con un sinfín de adjetivos, saturándolo con el sonido de las palabras, construyendo un perfecto oxímoron, pues es tanto el ‘miedo al vacío’ que decide ‘repletarlo’ de lenguaje llegando a un paroxismo inenarrable. Entonces, de vuelta al vacío.

V

Kerstin Möller, logra yuxtaponer los espacios interiores y los exteriores a través de juegos de palabras que merodean con desparpajo la frontera de lo de dentro y lo de afuera, aun cuando afuera está lo desconocido, lo hostil (frases morbosas de publicidad, descripciones grotescas, narraciones violentas que espectacularizan la desgracia, entre otros asuntos) ‘Sociudad’ comunica estos espacios; el domicilio (nuestra casa, que es nuestro cuerpo, que es nuestro yo) y la calle (la ciudad, que es la urbe, que es el otro/la otra). Es decir, sitúa y conjuga en este libro el lugar del ser para sí con el lugar del ser para las otras /otros. En este sentido, el espacio del afuera es una especie de ‘caos’ y sólo con la realización de un rito podría ser ordenado. Este acto será para Kerstin, la escritura, aunque como dice Diamela Eltit:“El lenguaje, además de poderoso, me parece represivo, opresivo. Pero no estoy segura de que el lenguaje ordene el caos; puede, en algunos casos, detonarlo”

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