Prólogo a Filopóiesis de Juan Henríquez, por Ricardo Salas

Este texto del profesor de filosofía Juan Henríquez, y Máster en entornos de enseñanza y aprendizaje mediados por tecnologías digitales, es un ejercicio filosófico y educativo para fundamentar las potencialidades del lenguaje humano para decir y expresar, desde el misterio del sentido, las búsquedas existenciales, educativas y tecnológicas de los seres humanos en nuestra era global. Esto es lo que encontramos en Filopóiesis. Una reflexión sobre la alteridad en la filosofía latinoamericana.

Conocí al autor cuando era un joven estudiante de pedagogía en filosofía en tiempos del laboratorio neoliberal donde las universidades chilenas querían emular a los grandes centros especializados, y en que el mayor orgullo era ser parte del ranking de las mejores del mundo, y donde los colegios privados publicitaban que ahí estudiaban los mejores, y que los puntajes de sus estudiantes eran inigualables. No había alteridad ni solidaridad en ese sistema, sino únicamente el triunfo de la mismidad competitiva.

Eran además tiempos difíciles para exponer la grandeza de las palabras y de los símbolos que hablaban de la dimensión sapiencial de nuestros topoi y de los saberes culturales de nuestras gentes. Las referencias a la filosofía y a las culturas latinoamericanas al mismo tiempo eran expurgadas de un tipo de educación exitista que aseguraba la competitividad y la aséptica tecnología de la era global, que se expresaba en lenguaje anglosajón. Eran convicciones que ya las expresaba con maestría H. Giannini profusamente citado.

En ese contexto el joven profesor de filosofía mantuvo permanentemente sus vínculos con un contexto donde las palabras fuertes de los mitos y de los símbolos indicaban una dirección cuestionadora de ese marco esterilizante de la educación mercantilizada y la búsqueda de otra lógica, de la que es propia e interna de los saberes arraigados en el “estar”. Parte de ese espíritu inspiraba al movimiento estudiantil que iniciaba cambios en el país. De esta convicción nace su preocupación por repensar la educación en un Chile latinoamericano y nutrirse del simbolismo y del pensamiento crítico, y por la que recoge los mejores hitos de las reflexiones de los amigos trasandinos: R. Kusch, D. Picotti, J.C. Scannone y E. Dussel. Y tiene plena razón al decir que este pensamiento es filopoiético porque crea otras sociedades.

Esta mirada latinoamericana contextualizada por el filósofo Juan Henríquez la ubica en el terreno de una reiterada discusión occidental acerca del vínculo hermenéutico entre lo que la lengua griega denomina como mythos y  lógos. El texto así retoma las preguntas que ya discutíamos hace veinte años acerca del sentido mismo del pensar occidental, entre otras ¿es correcta la interpretación prevaleciente que ambas nociones se oponen? al decir del neopositivismo; ¿no existe también la tentación filosófica de extraer un lógos del mythos, como lo previene Ricoeur? ¿y también que los logoi refieren a ciertos mythoi, como nos enseña Panikkar?

Aquí el texto propone como clave de lectura la historia europea de la filosofía: desde el legado platónico pasando por los tropos de la escolástica y nos trae hasta tradición de G.B. Vico y los grandes poetas románticos alemanes.

En ese esfuerzo histórico–filosófico Juan Henríquez se apoya en filósofos que se han detenido a pensar en el verbo poético, M. Heidegger, M. Zambrano, y P. Ricoeur, para recordarnos que la poesía y la filosofía están hermanadas por el común destino del decir y del proferir una existencia enigmática.

En suma, el texto nos presente una Filopóiesis como el esfuerzo histórico – cultural que lleva a entender el vínculo entre la palabra poética y la palabra filosófica que cumple su plena labor en la medida en que contribuye a romper el vínculo de la formación instrumental -educación bancaria, le llamaba P. Freire- con una sociedad servil por tanto tiempo al Capital, y avanza en procesos de desalienación que contribuyen a encontrar lo que esboza una antropología popular americana.

Filopóiesis es entonces una nueva propuesta de abrir lo acostumbrado a lo inédito, a lo que se busca en el terreno de las utopías de las relaciones humanas, en las que los profesores y los estudiantes no valen por lo que producen sino fundamentalmente porque son capaces de reconocerse en el diálogo como miembros de una misma comunidad política.

A eso nos invita este texto, abrir-se / nos / les   a las nuevas generaciones al deseo de filosofía y a la creatividad, matrices ambas de las culturas populares donde se generan las relaciones afectivas y cognitivas de la intersubjetividad, y en que se superan las formas de inautenticidad de una racionalidad estratégica del Capital para abrirnos a una racionalidad pletórica de nuevos sentidos de lo humano y de lo divino.   

El texto no conduce a la disyunción entre la creatividad y las nuevas formas de la tecnología educativa. En los primeros inicios de su formación, el estudiante Juan Henríquez marca su apuesta por las nuevas formas de creatividad y la comunicación digital, hoy como profesor experimentado en ese espacio nuevo nos lleva a practicar las nuevas formas de interacción icónica entre los significados y las alteridades. Aquí detengo mi reflexión de viejo maestro.

Para los más jóvenes, es mucho mejor experimentarlo y vivirlo. Simplemente les invito a recorrer ese espacio simbólico–virtual de ese ir y venir pedagógico en la cultura digital adveniente que Juan Henríquez conoce bien y que ha mantenido por años. Por ello les invito a navegar por el sitio web que él mismo ha creado con este mismo nombre para impregnarnos de su singular propuesta filosófica y poética e interactuar con ella (https://www.filopoiesis.cl/autor).

Ricardo Salas Astrain

Santísima Concepción, enero 2022.

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