Premio Alfonso Alcalde de Literatura

Al Aire Libro Editorial (Tomé, Chile), convoca a participar por el Premio Alfonso Alcalde de Literatura, al cual podrán concurrir autores de cualquier nacionalidad que presenten una sola obra, original, inédita y no comunicada de manera pública, escrita en lengua española, de tema y género libres.

Sobre Alfonso Alcalde

La obra de Alfonso Alcalde es tan torrencial y variopinta como lo fue su autor. Andariego y de espíritu bohemio, cultivó todos los géneros literarios, sin que la escritura lograra salvarlo de su destino trágico.

Poeta, narrador y periodista, Alfonso Alcalde escribió una obra tan torrencial y turbulenta como su propia existencia, en la que llegó a acumular tantos oficios y ocupaciones como años de vida. Publicó más de treinta libros que abarcan un vastísimo espectro de géneros y temas, desde la poesía hasta la cocina y la cultura popular chilena, pasando por reportajes ilustrados, libros para niños y obras teatrales.

Vivió en 25 países, se casó cinco veces y antes de dedicarse a escribir trabajó como ayudante de panadería en Argentina, ayudante de carpintero en las minas de Potosí y traficante de caballos desde Santa Cruz de la Sierra hasta el Matto Grosso brasilero. Fue agente de una empresa fúnebre, cuidador de plazas, delincuente, vendedor de diarios y ebrio consuetudinario.

Como poeta, la obra de Alcalde se vincula a la poesía de Pablo de Rokha y Pablo Neruda. Como narrador, su trabajo tiene un común denominador ideológico y literario con el de José Miguel Varas, Nicolás Ferraro y Franklin Quevedo. Con ellos comparte el cultivo de un realismo popular alimentado de la propia experiencia y del ejercicio del periodismo, entendido como una inmersión profunda y genuina en la realidad del pueblo chileno.

Alcalde entró al mundo de la literatura con el poemario Balada para la ciudad muerta, publicado en 1947 a instancias de Pablo Neruda, quien prologó el libro y contribuyó a que Alcalde decidiera dedicarse a la literatura, el periodismo y las labores editoriales. A partir de entonces vivió de manera intermitente entre Santiago y Concepción, desapareciendo ocasionalmente para refugiarse en el pequeño pueblo pesquero de Coliumo, Tomé.

A pesar del buen augurio que significaba el apoyo de Neruda, Alcalde decidió quemar gran parte de la edición de Balada para la ciudad muerta en una bacanal poética y simbólica que fue el punto de partida de su obra lírica posterior. Esta estuvo coronada por El panorama ante nosotros, obra poética de dimensiones monumentales que elaboró por décadas, mientras se ganaba la vida como periodista y publicaba su obra narrativa.

A fines de la década del sesenta, el autor vivió un momento de efervescencia vital y creativa, que se tradujo en una cuantiosa producción literaria y en su participación en proyectos de diversa índole. Algunos de sus relatos fueron llevados al teatro con sorprendente éxito e incluso exhibió sus singulares collages. Durante la Unidad Popular, Alcalde también fue una pieza clave del proyecto editorial Quimantú. Sin embargo, todo este entusiasmo se derrumbó de golpe en septiembre de 1973: fruto de la coyuntura política, debió iniciar un exilio que se extendió hasta 1979, año en que regresó a Chile y emprendió un doloroso proceso de reintegración.

Alcalde fue un escritor de destino trágico, tanto porque consideraba a la literatura como un oficio en el cual había que jugarse la vida, como porque él mismo decidió terminar con la suya, suicidándose poco antes de enterar los setenta y dos años. El glaucoma, la pobreza y el desánimo terminaron socavándolo. Murió sin saber que el gobierno le había concedido una pensión de gracia.

La abundante obra literaria de Alcalde ha sido reconocida póstumamente en numerosas reediciones que celebran la desmesura de su picaresca de la precariedad, con sus personajes marginales que sobreviven a duras penas entre la alegría y el llanto, en una miseria que el propio Alcalde conoció de cerca.

Fuente: Memoria Chilena.